El arte es la materialización de un delirio

El arte es la materialización de un delirio

miércoles, 22 de julio de 2015

Milagros cotidianos

 
 
En la última semana me ha surgido comentar la misma anécdota en dos ocasiones, así que se me ocurre compartirla también con vosotros. En los tiempos que corren, en que los católicos estamos siendo vapuleados y en algunos países exterminados, me parece de lo más apropiado contaros mi experiencia mientras estuve trabajando en el Monumento al Peregrino.
 
Allá por 2004, andaba yo realizando unas esculturas para la Fundación COFARES que servían como Premio al Farmacéutico Ejemplar y que la entonces Reina, Dña. Sofía, entregaba en el Teatro Real a personas relevantes del mundo farmacéutico. Con relevantes, no me refiero a importantes o poderosas compañías farmacéuticas, sino a personas vinculadas que por su labor social merecen el reconocimiento de todos.
 
 
El Jefe se los Servicios de Urgencias en Nueva York, Luis Rojas Marcos,
recibiendo el galardón de manos de Dña. Sofía
 
Aquel trabajo me granjeó una amistad y profundo respeto con el Presidente del Grupo COFARES, D. Olegario. No me atreveré a decir que aún a día de hoy le considero mi mentor y mecenas en mis inicios artísticos, pero casi. La historia que quiero compartir con vosotros, empieza el día que D. Olegario me encarga un monumento al Peregrino Xacobeo que se ubicaría en el Camino de Santiago.
 
Andábamos mal de tiempo de cara a la inauguración, tenía que ingeniármelas para hacer en poco tiempo las sandalias, el sombrero y demás aderezos. Para no complicarme mucho, decidí cortar la rama de un árbol para sacarle un molde directamente cuando llegara el momento.
 
La escultura, en principio, era sencilla. Una túnica, una vara de caminante (o cayado) y algún elemento significativo como la calabaza y la concha del peregrino. Como quería distinguir mi escultura del resto de monumentos peregrinos no quise cubrirle con el sombrero de ala ancha doblado; y ahí vino el problema, creo. Resulta que no tenía claro como representar a un peregrino en el que todos los caminantes se vieran reflejados, y todas las intentonas de modelar la cara acababan igual, emborronadas y volviendo a empezar. Cuando llegan esos momentos en los que no encuentras el camino, es cuando más receptivo estás a cualquier inspiración. Pues bien, hubo una noche en la que, incapaz de dormir por la angustia, me bajé al estudio. No tenía intención de trabajar, sólo dar un paseo alrededor de la escultura e intentar poner algo en claro, pero no pude contenerme y destapé el barro. El peregrino me estaba esperando, me estaba llamando y yo, atento, le escuché. Me puse a trabajar con un ánimo diferente. Cada palillazo que daba lo sentía perfecto, cada pedazo de barro iba a su sitio, la proporción surgía de forma automática. Aquella noche trabajé sorprendentemente feliz, pero al llegar el alba y ver el resultado, me asaltó una duda enorme. Quizá no era correcto lo que había hecho, así que, antes de continuar llamé a D. Olegario de urgencia. Dos horas después, llamó a la puerta y al abrir, sin llegar a cruzar el umbral, abrió los ojos como platos y exclamó: "Jesús".
 
Efectivamente, sin ser mi voluntad, el resultado de aquella inspiración inesperada era un Cristo peregrino. Miré a D. Olegario con preocupación, pero su gesto revelaba una mezcla de misticismo y felicidad digno de ver. "Salvador, no la toques", y así se quedó:
 
 
 
 
Quedaban los detalles finales, y llegó el momento de sacar el molde a la rama de árbol que había cortado semanas atrás. Cual fue mi reacción cuando al abrir el molde de silicona y sacar la rama, ésta se había llenado de brotes!. No era posible, llevaba muchos días cortada y había pasado 24 horas envuelta en productos químicos. Seguramente habrá una explicación lógica, pero prefiero pensar que todo el trabajo del Monumento al Peregrino estuvo bendecido por un misterio divino.
 
 
 
La inauguración fue de las más emocionantes que he vivido, tantos sufrimientos y tantas alegrías viéndose erigidas en el imponente Hospital del Rey en Burgos. No fui el único que vivió aquellos días de forma tan intensa. Me despido con el emocionado abrazo entre D. Olegario y el osado escultor que se atrevió a humanizar a Dios
 
 
 


lunes, 6 de julio de 2015

Una historia de honor y coraje

 
 
 
Hay aventuras que merece la pena correr. Hace relativamente poco tiempo que escuché la historia de otro gran español, uno tan grande que desfiló junto a George Washington al terminar la guerra de independencia de EEUU. Cuando el malagueño Bernardo de Gálvez fue nombrado Gobernador de Louisiana, seguramente no imaginaba que cientos de años después estaríamos hablando de él, pero estaba destinado a ocupar un lugar privilegiado en nuestra historia y a que un escultor obsesionado con los actos heróicos le inmortalizara en el año de 2015.
 
Nuestro Gálvez no se lo pensó cuando el futuro Presidente Jefferson solicitó la ayuda española, y yo tampoco me lo pensé cuando "El pintor de Batallas", Augusto Ferrer Dalmau me propuso unir fuerzas para dar mayor proyección a Gálvez. El proyecto era apasionante, un pintor y un escultor colaborando y trabajando sobre el mismo personaje. No se a vosotros pero a mi me encanta la idea. Un cuadro y una escultura que nos retrotraigan al momento en que Bernardo de Gálvez le echó cojones y dijo aquello de "El que tenga honor y valor, que me siga, que yo iré delante para quitarle el miedo".
 
Cuanto más conocía al personaje, más ganas tenía de ponerme manos a la obra, pero me encontré con el problema de siempre. El rigor histórico. Con Gálvez teníamos un problema añadido y es que pertenecía al Ejército de Tierra, pero su hazaña más conocida fue comandando el bergantín Galveztown, asi que volví a pedir ayuda a Mariela Beltrán. No se que haría sin la historiadora más entregada y rigurosa cuando me asaltan las dudas. Como siempre, tenemos diferencias, pero no irreconciliables. Mariela acaba encontrando el subterfugio para que las licencias artísticas que me concedo no sean descabelladas.
 
El caso es que la Guerra de Independencia americana da mucho juego y aunque siempre me sirvo de documentación fiable y veraz, soy de los que ponen en práctica la teoría. Llamé a mi amigo Luis Sorando, que de recreación histórica sabe un rato, para preguntarle como se anudaba el lazo a la coletilla de la peluca. Este tipo de detalles me gusta conocerlos de primera mano, es decir, de alguien que se fija hasta en los botones. Eres muy grande Luis.
 
Antes de comenzar a trabajar con la arcilla, había otra cosa que me preocupaba. De Gálvez hay pocos retratos, si bien, el más conocido no es real, el más contemporáneo no le representaba muy agraciado. Ya conocéis mi tendencia a embellecer la realidad, pero en este caso no quería modelar un rostro imaginado. Quería que fuera alguien real y automáticamente me vino a la cabeza mi gran amigo Jesús de Casteleiro y Villaba, de familia militar desde las Navas de Tolosa, porte marcial y estampa orgullosa. De los que se apuntan a un bombardeo. Lo emocionante de esto, es que un antepasado suyo, D. Juan Villalba y Angulo sirvió a las órdenes de Gálvez, así imaginad las sensaciones de tener al alcance de la mano un pedazo de historia viva. No se a vosotros, pero a mi estás cosas me ponen los pelos de punta.
 
 
 Hoja de servicio de D. Juan Villalba y Angulo

 
 
Una vez organizado el trabajo, me puse manos a la obra. Siempre me pasa lo mismo. Juro y perjuro que es la última vez que me obsesiono con una escultura, pero acabo cayendo en las jornadas interminables y en los pensamientos monotemáticos. Han sido 3 meses de trabajo durísimo en los que sólo al final he conseguido disfrutar con la obra. Ese momento en el que ves la escultura montada a falta de los detalles, cuando empieza el entretenimiento de poner un botón, cuando modelas los galones de Mariscal de Campo en automático; ese momento en el que coronas el sombrero de tres candiles con la "vistosa cucarda encarnada".
 

 

 
 
Ese momento en que anudas la trenza (aún sin terminar) de la peluca con un lazo...
 
 
 
 
Ese momento en el que a falta del sable empuñado con vigor en la mano derecha, ves a Bernardo de Gálvez, con la ceja levantada, gesto firme desafiando los cañones británicos apostados en la bahía de Pensacola y con la determinación de un hombre valiente que representó el coraje español allen de los mares. Ese momento en el que le oyes decir: "YO SOLO"
 
 
 
 
Podréis ver la obra definitiva en la exposición que se hará sobre Gálvez en el mes de diciembre, junto con el lienzo de Augusto Ferrer Dalmau. Ambos esperamos que el objetivo de acercar a la sociedad española la figura de Gálvez se cumpla, pero en mi fuero interno deseo de corazón que algún día alguien recoja el testigo y Bernardo luzca con honor en forma de monumento en algún espacio público destacado de la Capital. Después de recibir numerosos mensajes interesándose por la iniciativa, no pierdo la esperanza. A todos vosotros os digo lo mismo. Hay pocas personas que se atrevan a involucrarse en una empresa de tal calibre y que estén comprometidas con nuestros héroes y nuestra historia. Desde aquí mi reconocimiento a quien hizo posible el monumento a Blas de Lezo: Iñigo Paredes.
 
Un abrazo

viernes, 3 de julio de 2015

Rizando el rizo con Blas de Lezo

Bien sabéis de mi predilección por el monumento público. Hacer accesible el arte a toda la sociedad siempre me ha parecido una buena idea, pero algo ha cambiado en todo esto. Cuando se publicó que haría el monumento a Blas de Lezo, multitud de personas anónimas me escribían para preguntar si el boceto estaba en venta. En realidad no, pero me comprometí a darles una solución cuando terminase el monumento. Decidí realizar una edición limitada a 50 ejemplares con la que satisfacer la ilusión de los interesados y una vez fundidas las esculturas romper el molde ya que nunca he sido amante de los multiples indiscriminados.
 
El proceso ha sido mas largo y laborioso de lo que esperaba pero el resultado final ha merecido la pena, y ya es difícil que lo diga yo, inconformista y exigente por naturaleza.
 
Quiero aprovechar este post para explicar algunos de los procesos relacionados con la escultura, así pues comenzamos con la complicación que supuso que la escultura se ajustara completamente al monumento. No tenía que darle sólo darle las proporciones correctas, si no que había que ser muy concienzudo para que los detalles, a ese tamaño, fuesen fieles al monumento.
 
 
Una vez que aproximé el modelo  hasta lo humanamente posible, hice un molde de silicona para fundirlo en bronce y ahora veréis por qué. No se trataba de reproducir la escultura en materia definitiva rápidamente para darle salida , si no que necesitaba tenerla en metal para poder ir más allá. Se me ocurrió la feliz idea de llevarla al maestro orfebre y que le diera un repaso. Marcar los cordones, el encaje del pañuelo y los botones son cosas que sin sus medios y minuciosidad habría resultado prácticamente imposible. Hago un paréntesis para alertar sobre la pérdida del oficio de orfebre, es difícil encontrarlos y a no ser que se transmita de padres a hijos, en poco tiempo nos quedaremos huérfanos de cinceladores finos. Os dejo una foto del momento en que me metí en el coche con mi Blas recién cincelado
 
 
Ese sería el modelo con el que empezar a preparar los trabajos de fundición. En ese momento tuve que decidir el método de fundición en bronce que requería la escultura. Al tener tanto detalle, la fundición a la arena quedaba descartada y lo lógico habría sido pensar en fundición a la cera perdida, pero quise seguir rizando el rizo y decantarme por  microfusión o lo que es lo mismo, fundición de joyería.
 
Se realizó el molde definitivo que serviría para fundir la edición de 50 esculturas y la fundición se puso en marcha. No me explayaré en los procesos porque en Internet hay información abundante sobre fundición en bronce, pero si quiero destacar que es una tarea que requiere mucho tiempo. Tanto, que unas piezas tan mimadas y detalladas salen a cuenta gotas. La fundición es algo que contrato con profesionales, pero los trabajos de repaso y pátina me gusta hacerlos y supervisarlos yo
 
 
En definitiva, sacar las esculturas de Blas de Lezo adelante esta resultando una ardua tarea, pero el gesto de mis clientes cuando les entrego su escultura de 50 cm... Eso no tiene precio
 
 
 
Si deseáis cualquier información adicional, ya sabéis donde estoy: salvadoramaya@telefonica.net
 
Un abrazo amigos

lunes, 15 de junio de 2015

Presuntos no, Autenticos Implicados

Hay personas que pasan por tu vida, y otras que están destinadas a quedarse en ella. No deja de sorprenderme la implicación de algunos clientes/colaboradores en mi trabajo. Y es algo que agradezco profundamente, ya que debido a las desesperantes inseguridades que me asaltan cuando me hallo inmerso en un trabajo, encontrar una crítica constructiva o una palabra de aliento, me reconforta.
 
Son muchas  las personas que tengo presentes, pero por cercanía cronológica quiero compartir un pequeño homenaje a las personas que hicieron posible el Monumento a Blas de Lezo. Los tres pilares en los que se sustentó el gran Almirante, la excelencia, la perfección y la ilusión. O lo que es lo mismo, Iñigo Paredes, Mariela Beltrán, Carolina Aguado y Javier Bellas.
 
A Iñigo Paredes le conocí frente una fanta de naranja. Me parecía increíble que alguien tan joven, con responsabilidades profesionales y familiares se embarcara en un proyecto de tamaña envergadura. Hay que tener muchos arrestos para responsabilizarse de abrir una suscripción pública, promocionarla hasta que sea un éxito rotundo y darle carácter democrático a una Asociación. No conozco a nadie con más empeño en un proyecto y que haya salido victorioso de tal hazaña. Claro, que si nos atenemos al nivel de exigencia que propone, es imposible que algo salga mal. Me alegra que nuestros caminos se hayan cruzado, siempre aprendo algo nuevo de quien busca constantemente la excelencia.
 
 
 
 
Reconozco que el día que conocí a Mariela Beltrán, perfeccionista hasta el extremo, me cayó un rapapolvo memorable. Ahí estaba yo, incrédulo aún porque mi proyecto había sido el elegido y Mariela dándome collejas porque mi boceto tenía algún error histórico. Quizá en otra circunstancia habría hecho valer mi interpretación artística, pero me rendí al instante. Mariela y Carolina Aguado eran las comisarias de la exposición de Blas de Lezo y las personas más interesadas en que el monumento se ajustase a rigor histórico. Su pasión por el personaje era tan intensa que sentí la necesidad de darles a Lezo en su mejor versión. Me prepararon el mejor informe documentado que un escultor podría desear y a cambio recibieron la reproducción mas fidedigna de un uniforme de Teniente General del siglo XVIII. Ahora se han convertido en colaboradoras necesarias. Como sin Mariela podría enfrentarme ahora al reto de representar a Bernardo de Gálvez? Para realizar escultura histórica hacen falta dos cosas, el escultor y ella, la historiadora que mejor conoce y empatiza con el personaje.
 
 
 
El tercer pilar sobre el que se apoya este monumento se llama Javier Bellas, la ilusión personificada. No me quedan palabras de agradecimiento para él, solo de reconocimiento y orgullo para nuestra Armada Española. Este monumento es el humilde reconocimiento que el pueblo español ha querido haceros a vosotros, los marinos. Porque estamos orgullosos de vosotros, porque a base de vuestro sacrificio personal los españoles vivimos en un gran país y porque la Armada nos ha regalado grandes hombres de los que tomar ejemplo. Querido Javier, con tu permiso reproduzco aquí tu primer whatsapp:
 

Querido Salvador, quiero ponerte estas letras para agradecerte el esfuerzo, la pasión y el talento que has puesto en la escultura de Blas de Lezo. Les dije a Mariela y Carolina que ellas eran sus madres, las que lo han devuelto al mundo, a su puesto en la historia y a su sitio en España. Pero era un Blas de Lezo imaginario, o si se quiere, virtual en forma de exposiciones y titulares.

 Tu lo has hecho realidad y le has dado vida; la que te has dejado modelando todas y cada una de sus partes. Has sabido hacer descansar todo el peso de la historia de un olvido en su pata de palo y la dureza de una muerte próxima que ya adivinaba, en su tuerta mirada. La tensión de ese momento lo transformas en bello semblante y todo lo vistes de rigor histórico en forma de casaca. Lo has hecho padre de la Patria, referente de muchas generaciones y ejemplo donde mirarse. Una escultura que será un lugar de encuentro con la historia para millones de personas
 
 
 

domingo, 31 de mayo de 2015

Hiperrealismo? No, gracias

Algunos ojos críticos me comentan que mis representados son demasiado guapos. Pues si, para que negarlo. Ya que nos ponemos a homenajear, lo hacemos bien.
 
Me gusta crear belleza, llegar a los límites creíbles de virtud y darle un aire solemne a la escultura. Si vamos a subir en un pedestal a alguien, de alguna manera tiene que reflejarse su grandeza. Como? Pues dándole belleza, pensamiento y solemnidad. Imprimir belleza a una escultura es fácil si te ajustas a unos cánones neutros. Para que aporte pensamiento busco que personaje y espectador interactúen, que ambos se hablen con la mirada e incluso puedan conversar. Y una postura natural pero orgullosa le da la solemnidad que requiero.
 
 
 
 
 
Os presento a Beatriz Galindo. Escritora y preceptora de Isabel la Católica. Ideal de mujer culta. Seguramente no fuera tan hermosa, ni llevara escote. Tampoco creo que portara un libro en sus manos a cualquier hora del día, pero ya que fue pionera en una época en que las humanidades estaban restringidas a los hombres, quise ensalzarla en su faceta de mujer y persona de letras.
 
Idealicemos al personaje y su circunstancia. La realidad es bastante fea de por sí, así que soñemos...
 
 
 
 
Saludos, amigos

lunes, 18 de mayo de 2015

Vocaciones frustradas

No es la primera vez que me dicen: "Pues fíjate que a mi me hubiera encantado ser artista". Pues fíjese que me pasa lo mismo con el Ejército. Desde bien pequeño me escapaba a comprar cajas de soldaditos y montar batallitas en casa. Mi madre bien lo sabe. Quizá sea ella la que me inculcó el amor por el Ejército y los valores castrenses. Mi abuelo, el Coronel Sánchez Losada, al que no llegué a conocer,  sirvió valientemente en el Regimiento de Caballería durante la guerra de África. También se hablaba en casa de cuando mi tío abuelo D. Manuel Zaballos Sánchez, Coronel de Alabarderos, sacó a la Reina Victoria Eugenia de España al proclamarse la República. Y por supuesto, las historias de primera mano contadas por mi querido tío Salva, Comandante de Aviación, y que gracias a él, conservo el fascinante sable de mi abuelo. Todas estas historias familiares fueron calando hondo en el corazón de aquel niño ávido de aventuras y hazañas gloriosas contadas en blanco y negro.
 
Mi abuelo en 1918 cuando aún era Sargento en Melilla
 
 
Pero el destino tenía otros planes para mi. Quiso que heredara el talento de mi padre para las artes y el dominio de la materia, así que aquellos sueños de héroes valerosos se transformaron en sueños mas etéreos y espirituales.
 
No obstante, creo que de alguna manera he intentado mantener vivas aquellas ensoñaciones. Cuando me han encargado una escultura militar, he trabajado con pasión, orgullo y coraje. El estudio se convierte en mi campo de batalla, me pongo a las órdenes del cliente, ataco la escultura por todos los frentes y defiendo la obra a capa y espada.
 
Pocas licencias artísticas me he concedido a lo largo de mi carrera, pero con el monumento a nuestro escritor mas ilustre, Cervantes, quise rendir un secreto homenaje a todos esos soldados anónimos que se han dejado la piel y la vida defendiendo nuestro país, nuestra cultura y a nuestra gente. Un Cervantes a las ordenes de D. Juan de Austria, orgulloso de haber participado en una batalla que según sus palabras fue "la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros". Quizá el plomo que dejó inmóvil la mano al manco de Lepanto también frustró su vocación militar, pero nos ha regalado la mas bella obra literaria de todos los tiempos. No está mal el cambio.
 
 
 
 

jueves, 14 de mayo de 2015

Vestir a una Reina

Puede parecer que no tiene importancia, pero para un escultor que se ciñe al máximo a la veracidad del personaje, acertar a la hora de decidir el vestuario puede suponer todo un reto. Por supuesto, la actitud de la escultura es fundamental, pero... y si me equivoco con una cremallera fuera de época? y si pongo una bota de montar cuando aún no existían? Como vestía? Como calzaban? Además de toda la documentación que pueda recopilar, tengo que procurarme ropas fabricadas con telas que proporcionen unas caídas reales y adecuadas a como quiero inmortalizar al personaje. No olvidemos que una escultura de bronce es eterna y así pasará a la historia. En estos tiempos en que todos tenemos acceso a información fidedigna y a cualquier tipo de archivo histórico, tengo que ser sumamente cuidadoso con estos detalles. Para muestra un botón.
 
 
 
Isabel la Católica, grande entre las grandes, gloria de nuestra historia, mujer firme, valiente y decidida, resolutiva en cualquier empresa que se proponía. Un personaje brutal. Como debería vestir una Reina que encarnara la grandeza de un Imperio?
 
Yo quise que mi Isabel fuera bella, solemne y representativa de su Reino. Me acordé de Sigourney Weaver cuando aparecía junto a Gerard Depardieu, en 1492 La Conquista del Paraíso. La Católica y Colón entrando triunfantes en la Corte. El manto era espectacular. Llevaba bordados vistosamente los escudos de Castilla, León, Aragón y Sicilia.
 
 
 
 
 
Y así fue. Bordé con bronce en lugar de hilo y me esmeré en que cada detalle contara su propia historia. Aquí el resultado:
 
 
Mi sorpresa vino cuando, muchos años después, viendo la serie de TVE Isabel, me encontré con esto:
 
 
 
Pues parece que no me equivocaba tanto...