El arte es la materialización de un delirio

El arte es la materialización de un delirio

miércoles, 26 de febrero de 2020

El General Menacho, la firmeza de sus principios y la solidez de su figura

Articulo para el Nº 12 de FD Magazine. Por Amanda González





Amanece en Badajoz y la ciudad aún parece dormir. Es un miércoles primaveral de 2019, víspera de Semana Santa, y en silencio, sin estridencias ni alaracas, llega el General Menacho al lugar que le vio morir 207 años atrás. Aún mantiene el porte esbelto y elegante que relataban las crónicas de la época. Conserva la casaca corta con las solapas vueltas e impecablemente abotonadas al cuello, y el fajín carmesí bien ajustado al cuerpo sin mostrar el desaliño propio de quien lleva horas combatiendo. Nada en él indica que lleva resistiendo un asedio de 38 días. Hasta el sombrero de dos picos se mantiene “graciosamente ladeado” tal y como se permitía extraoficialmente, y es que lo de ser español, en una guerra como la mal llamada de Independencia, tenía que notarse hasta en el más mínimo detalle. Menacho había madrugado aquel día, y nadie le esperaba aún. Sólo su escultor, el que le había modelado en arcilla e inmortalizado en bronce, aguardaba nervioso para comenzar la instalación de un monumento que llevaba años pidiendo a gritos su lugar en la memoria colectiva de los pacenses.

El proyecto de recuperación de la figura de Menacho llevaba muchos años de recorrido. Si bien el General da nombre a multitud de lugares emblemáticos, hasta ahora sólo contábamos con un retrato posterior a su muerte como referencia iconográfica. Quizá, por la necesidad de crear un símbolo reconocible y porque el valor didáctico de la estatuaria pública tiene la cualidad de permanecer durante siglos en el ideario colectivo, la sociedad civil pacense impulsó la creación de un monumento que sacara a Menacho del ámbito académico y le devolviera al pueblo por quien entregó la vida. Porque si de algo puede presumir la Defensa de Badajoz de 1811 es de haber cohesionado a civiles y militares en un solo grito de resistencia:


Corrían los últimos días del mes de enero cuando las tropas del Mariscal Soult, sugestionadas positivamente por la fácil victoria que habían obtenido en Olivenza, tomaron posiciones en torno a Badajoz. Se trataba de un punto estratégico en el mapa por ser ciudad fronteriza y enclave imprescindible para asegurar las comunicaciones. Pero precisamente el carácter limítrofe de la ciudad la había dotado de ciertos elementos defensivos, que, aunque no se encontraban en perfectas condiciones, constituían un buen punto de partida desde donde organizar las defensas. Las muralla estaba aceptablemente equipada con más de cien piezas de artillería montadas en las fortificaciones y baluartes, pero en previsión de un largo asedio y de la tardanza en recibir ayuda, había que pensar en las provisiones, y a pesar de que el cerco era ya cerrado e impenetrable, Menacho dio orden al Batallón de Voluntarios Catalanes de salir y desalojar a los enemigos de las tenerías donde se encontraban acampados, para poder llegar al molino y sacar las cien fanegas de trigo que, con las prisas por buscar refugio, los molineros olvidaron cuando los franceses asomaron en las cercanías. No iban a desaprovechar ese extra de alimento y mucho menos, darle de comer al enemigo. Como tampoco facilitarían los trabajos de asentamiento y trinchera. Los catalanes, al mando de Bassecourt, desbarataban, una y otra vez, la organización y ataques franceses con rápidas incursiones que, sin resultar ostentosamente decisivas, servían para incomodar al adversario y hacerle la estancia lo más molesta posible. Pareciera que estas continuas salidas fueran parte de la estrategia de defensa de la plaza, y que la eficaz colaboración entre la guarnición y los paisanos constituyera un plan para mantener elevada la moral de los sitiados. Moral que no hizo más que acrecentarse cuando Menacho rechazó el dos de febrero la oferta de rendición que le hacía el Mariscal francés. Moral que se tornaba en entusiasmo cuando, siendo la Catedral objeto de bombardeo, “se nombraron cuatro vecinos que se fuesen relevando en la torre de San Juan para que diese tres campanadas cuando vinieran bombas, dos cuando granada y una cuando fuese cañonazo, y de este modo el vecindario acudía a los parajes que consideraba más seguros”. Moral que incluso cayendo herido Menacho, por una bala en el muslo derecho, por situarse en lo alto de la muralla para dirigir a los 600 hombres que pretendían inutilizar las piezas de artillería francesas, no desfalleció, combatiendo las dificultades con la confianza en el triunfo. El diecinueve de febrero, en una arriesgada maniobra, Soult cruza el Guadiana y el cerco se cerró por completo sobre la ciudad de Badajoz. Con escasas probabilidades de recibir ayuda, Menacho se apresta a triunfar o morir. El mariscal francés, creyendo que la desesperación ahondaría en el corazón de quienes resistían con el coraje que despierta quien ejerce el liderazgo con el ejemplo, propone de nuevo la rendición. ¿La respuesta de Menacho?. ¡Viva la Patria!. Ni las tretas francesas instando a los españoles a no seguir la actitud obcecada de su General, ni los destrozos en el baluarte de Santiago ocasionados por el cañoneo incesante, fueron suficientes para que mermara un ápice el arrojo con que la ciudad entera enfrentaba al invasor. Las salidas continuaron a pesar de los evidentes riesgos. Romper el cerco y el ánimo del enemigo seguía siendo nuestra mejor arma. Hasta el 4 de marzo. Aquel fatídico día, una bala de metralla rompió el cuerpo de Menacho. Su alma inquebrantable no fue suficiente para contener el destrozo en su costado. Cuentan quienes lo asistieron, que aún vivió durante 7 minutos, tiempo que empleó en lamentar no poder seguir siendo útil a la Patria. La pusilanimidad con que actuaron posteriormente las autoridades dice mucho del carácter con el que la ciudad de Badajoz se mantuvo en pie mientras el General Menacho guiaba el espíritu indomable de todo un pueblo.


Y así, con una de las muchas muertes heroicas que nos dejó la guerra contra en francés de 1808, el escultor Salvador Amaya tuvo que enfrentarse al reto de reproducir en arcilla un instante. Un solo momento de aquel asedio que dos siglos atrás había marcado la identidad de un pueblo. Para un proyecto tan apasionante quiso contar con la colaboración de Augusto Ferrer-Dalmau, pintor extraordinario amén de profundo conocedor de las gestas más gloriosas de nuestra historia. Recogió el guante y elaboró un boceto en el que de un simple vistazo quedaran patentes las virtudes que mostró Menacho durante el Sitio: arrojo, dignidad y épica fueron las claves a representar. Así que con unas líneas maestras sobre las que empezar a dar forma al General, dieron comienzos los trabajos de realización de la escultura. Se elaboró la estructura metálica que daría solidez a las formas arcillosas, y una vez establecidas las cotas que proporcionan la escultura y conforman las dimensiones, se procedió a modelar la obra con la composición que sugería el boceto. Variables como la complexión del personaje fueron definiéndose según pedía la escultura, como si teniendo vida propia, quisiera mostrarse a su creador convirtiéndole en un mero revelador de formas. Luego vendrían detalles como botones, costuras y el patronaje de un uniforme militar, aspectos técnicos que pasan desapercibidos para el espectador novel pero los más avezados aprecian y valoran. Un gesto en el ceño que muestra carácter, una mano con los dedos abiertos que evidencian la tensión del momento, o la rigidez del cuádriceps que aporta equilibrio a un Menacho dispuesto a enfrentar al enemigo, serían los elementos determinantes que dieran vida a la escultura. Una serie de procesos técnicos convirtieron la dúctil arcilla en sólido bronce, y como si de magia alquímica se tratase, esa conversión de materiales transfiguraba una escultura realizada en material alterable en un General Menacho reconvertido en inmortal, invariable, fiel a la imagen que ideó el escultor. Un Menacho que, sobre su pedestal en la actual avenida de Huelva, antiguo baluarte de Santiago, asimila como propia la naturaleza valiente del pueblo que elevó a los altares el sacrificio de quien insufló en sus espíritus arrojo y dignidad



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Entrevista para la revista PRIMAVERA

Sin ninguna duda conocerán los lectores su obra más famosa, el Blas de Lezo que permanece en pie sobre un pedestal en uno de los laterales de la plaza de Colón, en Madrid. Pero además de esta, Salvador es el autor de esculturas de Menacho, Bernardo de Galvez, Cervantes, Fernán González, Beatriz Galindo o nuestra eterna Isabel la Católica.
Defensor de la escultura “tradicional” y de los valores “superiores” del arte, que tan poco abundan hoy en día.
Hemos podido hacer unas preguntas al escultor, al cual agradecemos enormemente su participación en este primer número, y recomendamos la visita a su web y a su muy interesante blog.




P: Todo autor, sea cual sea su disciplina, tiene sus influencia, ¿cuáles han sido las tuyas?

Inevitablemente, haberme criado en un ambiente artístico tuvo un gran impacto sobre mí. Mi padre fue un gran creador artístico en general y escultor en particular. Asumir el arte como una forma de vida se lo debo a mi padre, pero a nivel técnico y estético me he dejado guiar por los grandes de principios del siglo XX. La capacidad que tenían Belliure y Marinas de trabajar con la expresión corporal y la composición en la estatuaria pública me fascinan. Gracias a ellos asimilé el concepto de arte con vocación pública, escultura para todos, no sólo para las élites que puedan pagar arte; monumentos cuyo espíritu nace de la historia de una nación y es destinado al enriquecimiento patrimonial de ese mismo pueblo. Es natural que mis maestros espirituales tengan sus raíces en España, al fin y al cabo, yo mismo soy una evolución de todos ellos, pero no me olvido de otros grandes artistas internacionales: el peculiar tratamiento de las proporciones corporales masculinas en contraposición con la suavidad en las formas femeninas de Arno Brecker, o la rotundidad con la que trabajaban los artistas del este son dignas de mención. Supongo que cada escultor adapta su obra a las circunstancias que le toca vivir y las primeras décadas del siglo XX nos han legado una forma de realizar arte épico y heroico que no parece querer recuperarse por parte de los circuitos artísticos.

P: El proceso de creación de una obra artística, el incontable tiempo y esfuerzo dedicados a ella, irremediablemente unen al autor con su obra, ¿cómo es tu proceso de trabajo desde la documentación hasta que repasas el bronce con una lija?, ¿Eres de los que opinan que hay una unión perpetua del autor con su obra?

Antes de que coja una pella de arcilla o realice dibujos preparatorios, existe un trabajo invisible en mi cabeza. Es cierto que me documento antes de empezar con un trabajo, pero no sólo leo libros y documentos, sino que me implico personalmente con la obra. En mi caso, que me dedico a modelar personajes concretos, busco impregnarme de ellos, pensar como ellos pensaban y sentir como ellos sentían. Todo en mi taller se adapta al personaje en el que se va a trabajar y procuro que su espíritu lo inunde todo, desde la música ambiental hasta la conciencia temporal que correspondería al protagonista. Los modelos se visten de época y me sumerjo en las experiencias del personaje que más me inspiren. Hay todo un ritual preparatorio antes de empezar, aunque cada escultura tiene particularidades. Por ejemplo, para el próximo monumento, al componerse de personajes pertenecientes a un grupo histórico reconocible pero sin ser ninguno de ellos una figura histórica concreta, he tenido que buscar prototipos de hoy en día que me ayuden a poner cara y una personalidad detrás de cada escultura. No soy capaz de trabajar si no tengo conexión con la obra, así que intento dotarla de carácter, hablo con ella y creo un vínculo, de forma que cuando termino ya no se trata de arcilla modelada, sino de alguien a quien yo considero real y he devuelto a la vida aunque sea de forma espiritual

P: Observando los hierros retorcidos oxidados que ocupan las rotondas, diríamos que cada vez hay menos espacio para la figura humana, para el arte tradicional. ¿Crees que la escultura actual ha perdido desde hace décadas su componente indisolublemente humano, dejando espacio al “todo vale”?

La decadencia ha enfangado los círculos artísticos. Quizá por eso no me muevo en ellos. No los entiendo y ellos tampoco me entienden a mí, así que nos mantenemos al margen unos de otros. Para alguien como yo, un escultor de oficio que vive de ello profesionalmente, que es consciente de los criterios estéticos eternos, es duro ver como esos hierros retorcidos se dan por válidos y se equiparan a obras de arte que tienen un sentido en su concepción, en su creación y en su difusión. Creo que ese poco espacio para la figura humana del que hablas es extrapolable no sólo al arte sino también a la sociedad. Efectivamente no hay espacio para la humanidad, se han perdido muchos valores y el espíritu crítico, y sin ambos aspectos es difícil que el hombre surja en todo su esplendor, ya sea intelectual, hábil o artísticamente. Para el artista figurativo, cuyo único afán es encontrar la belleza y alcanzar la excelencia, es frustrante comprobar como a nivel institucional prevalece la mediocridad y a nivel social es aceptada. Llega un momento en que tienes que elegir: ¿me adapto a la posmodernidad y acepto todos los laureles que hoy en día conlleva, o sobrevivo honestamente no permitiendo que se pierda una tradición milenaria aún a costa de padecer carencias? En cada uno está la opción de vida que quiere para sí y si puede vivir con ello.

P: Todos los pueblos y épocas se caracterizan por el arte que realizan… ¿Tenemos los españoles actuales un arte de calidad?

Me entristece decir que no. Podemos encontrar destellos de genialidad, pero son muy puntuales y a veces, tengo la sensación de que los círculos artísticos los ocultan para no poner de manifiesto la mediocridad que se expone y se vende. Se ha creado todo un submundo en torno al arte donde ya no es el cliente el que se deja guiar por su criterio estético, sino que el cliente o mecenas se ha convertido en un mero inversor que se deja asesorar por críticos, galeristas, subasteros, curadores y un sinfín de profesiones que han surgido alrededor del arte pero que no producen obra, sólo opinión. Y esa opinión, absolutamente forzada y fingida, ha conseguido hacer desaparecer la figura del mecenas, de la persona que tradicionalmente aprecia el arte y lo adquiere. Sin mecenas, no hay financiación para formar artistas ni hay espacios auténticos donde encontrar el talento. Los talleres donde se formaban los aprendices han desaparecido, las escuelas de arte se limitan a enseñar técnicas y nuevos soportes y los certámenes se han convertido en entornos cerrados donde participantes y jurados se relacionan por intereses en lugar de por sensibilidades. Es imposible que el arte de calidad pueda desarrollarse en un entorno tan hostil y tan mercenario. Respecto a las características que pudieran definir a los pueblos, lamento comprobar que la globalización ha acabado con cualquier intento de preservar la identidad de los pueblos. Quizá dentro de los países más desarrollados, podemos encontrar características particulares en los países del este, pero Europa, Norteamérica y parte de Asia han perdido su identidad artística y cultural. Vayas donde vayas, encontrarás en las galerías obras que no definen nada concreto, una historia común, unas creencias o una cultura. Hasta los museos han caído en la globalización, tenemos Guggenheim en varias ciudades y los museos de arte moderno apenas ofrecen algo representativo del país que los acoge. Debo decir que llevo muchos años fuera de los circuitos artísticos, pero año tras año veo las imágenes de lo que se expone en ARCO, nuestra feria más “artística” y nada ha cambiado. Se sigue apostando por sorprender, trastornar y provocar, no queda nada en las piezas que se exhiben que pretenda despertar lo sublime y lo elevado. Lo cutre y la indecencia han matado cualquier intento de preservar el ARTE con mayúsculas


P: Ahora tenemos a Salvador Amaya, pero antes tuvimos a Mariano Benlliure (escultor del General Martínez Campos, en el Retiro) o a Aniceto Marinas (de Velázquez del Paseo del Prado, o de Eloy Gonzalo en la Plaza de Cascorro). De los muchos que aún están por descubrir para el gran público, ¿Que escultores españoles de este tipo crees que merecerían el reconocimiento que aún no han podido tener?

Coetáneo a Benlliure y Marinas, destacó Agustín Querol pero inexplicablemente es bastante desconocido. Quizá su familia y las instituciones provinciales no han puesto en valor su obra con eficacia, y sin embargo ahí tenemos sus colosales esculturas coronando el Ministerio de Agricultura o decorando el frontón de la Biblioteca Nacional. Y es que en esto de dar el lugar que merecen a nuestros artistas históricos, mucho tienen que decir las instituciones; si bien la diputación de Salamanca ha sabido poner en valor la obra de Venancio Blanco y a día de hoy cuenta con una Fundación que gestiona su legado, nos encontramos con el caso contrario y podemos ver cómo la inmensa obra del prolífico Juan de Ávalos no encuentra institución que se haga cargo de ella. Parece que hemos olvidado que los grandes artistas forman parte de nuestro patrimonio común, de nuestro enriquecimiento cultural, que son los artífices de la plasmación de nuestra sociedad en formato artístico. Nuestras evoluciones, revoluciones, pulsiones, etc, están reflejadas en las obras artísticas del momento. Precisamente por eso es tan triste el momento que estamos viviendo, porque no estamos dejando para el futuro nada que perdure. Los libros de arte quedarán vacíos de obras maestras en el período que abarca nuestra época, o peor, las generaciones futuras verán la degeneración en que hemos vivido a través de las obras que pervivan

P: Tu última escultura es la del teniente Saturnino Martín Cerezo, a partir del boceto de Ferrer Dalmau, y financiada gracias a una campaña de mecenazgo, que homenajeará a los Últimos de Baler, y a los españoles que lucharon por España en Filipinas, ¿estamos poniendo en valor por fin a aquellos hombres?

Ha costado mucho. La Historia parecía estar proscrita desde hacía décadas. Me refiero a la historia más gloriosa de España, la que nos llena de orgullo y nos enriquece como pueblo protagonista de grandes hazañas y epopeyas. Quizá la desnaturalización provocada por el egocentrismo e individualismo que impera en estos tiempos líquidos donde nada permanece y sólo se valora la satisfacción inmediata de deseos materiales, ha hecho que perdamos el respeto por los que nos precedieron. Y precisamente España, que ha sido pionera en muchos aspectos y un gran referente para otras potencias en épocas pasadas, parece estar avergonzada de quienes la forjaron. No es fácil encontrar instituciones que quieran contribuir a sacudirnos de encima esa leyenda negra de la que se nos acusa por parte de potencias extranjeras y cierto sector de la sociedad. Es como si nos gustara fustigarnos y tuviéramos que pedir perdón por hechos que habiendo sido pioneros y admirables en su tiempo, hoy parecemos querer olvidar como si fueran un pesado lastre que nos maldice. Y particularmente me niego a caer en esa dinámica de falsedades y reinterpretación histórica, por eso me esfuerzo en buscar apoyos para proyectos que nos hagan recordar que somos un gran pueblo y tenemos la responsabilidad de gestionar la maravillosa herencia que hemos recibido. No es fácil encontrar instituciones a las que involucrar en este tipo de proyectos, tienes que apelar a las emociones y a argumentos espirituales porque con la razón no consigues afectos hacia el arte ni hacia proyectos que ensalcen el recorrido místico de un pueblo. ¿Lo estamos poniendo en valor?. Si, pero gracias a la voluntad de unos pocos frente al materialismo imperante.


P: Nuestros lectores querrán saber que nuevas obras podremos disfrutar en los próximos años, y en que proyectos (que se puedan contar) estás trabajando actualmente.

Acabo de terminar un monumento para el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro. Ha sido un reto para mí ya que habitualmente trabajo con personajes definidos, con una personalidad y unos rasgos conocidos, que al asimilarlos me facilitan el trabajo a la hora de conectar con la escultura. En esta ocasión el personaje era genérico pero tenía un encanto especial, y es que debía representar a esos chavales que entraban en el Colegio de Guardias con 12 o incluso con 8 años, niños, al fin y al cabo, que van creciendo con el aprendizaje. Interpretar ese paso de la infancia a la madurez ha sido la clave. Ahora estoy con cosas pequeñas que tenía pendientes, reproducciones y esculturas seriadas, mientras termino de firmar un par de contratos que efectivamente no se pueden decir aún, pero lo que si puedo confesar es mi deseo de poder realizar, algún día, un gran monumento a Churruca y a toda aquella generación de marinos que perdió la vida gloriosamente en Trafalgar, o un Hernán Cortés a caballo equiparable en tamaño y porte al Pizarro existente en Trujillo, o a alguno de los héroes que se enfrentaron al francés en la mal llamada Guerra de Independencia, o al General Vara del Rey, o a los hombres que perdieron su vida en las Campañas de Marruecos dando su última gota de sangre por sus compañeros… Son tantos los episodios históricos que estamos obligados a conocer que ni en cien vidas se podría abarcar un trabajo tan grande. De momento me conformo con que cada nuevo monumento sirva para despertar en las nuevas generaciones un sentimiento de curiosidad que les empuje a estudiar la historia que les precede y que inculque en ellos unos valores y sentimientos que deben recuperarse.



Revista Primavera Nº 1 - Febrero 2020

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viernes, 11 de mayo de 2018

Entrevista para SOMOS




Por Javier Villamor


-          Escultor como su padre. ¿Lo lleva en los genes o pasión desde la infancia?
Creo que las circunstancias son determinantes. Es cierto que desde pequeño he visto la escultura como algo natural, en mi casa se vivía de ello y lo percibía como una profesión. Con el tiempo, echo la vista atrás y compruebo que mi forma de trabajar es totalmente diferente a la que tenía mi padre, pero la visión espacial, la capacidad de anticiparme para saber qué resultado quiero y el oficio, debe ser heredado. Es difícil para mí valorarlo porque la escultura forma parte de mi personalidad

-          ¿Cuál ha sido su evolución? ¿Siempre ha trabajado el realismo o ha coqueteado con otros estilos?
No soy consciente de haber evolucionado en cuestión de estilo. Desde que tengo conciencia, mis ejemplos a seguir eran los clásicos y de ahí no he querido moverme. Me parece la forma más honesta de hacer escultura, imitar la naturaleza, ensalzar actitudes y sobretodo, que el espectador tenga una visión clara de lo que tiene delante. Sin dobleces, sin estridencias, sin conceptos que se pierdan en la exclusiva visión del artista. No quiero evolucionar si no es para alcanzar la excelencia. Las vanguardias y ese tipo de ocurrencias no las considero evolución, sino involución. Quizá pueda entender a Picasso, a artistas que hayan demostrado que tienen talento para hacer obras maravillosas, y que luego decidan seguir sus instintos o introducirse en las tendencias del mercado. Lo que desde luego nunca haré, será aplaudir a quienes sin haber demostrado nada, manchan un lienzo con cuatro paletadas de acrílico o usan objetos cotidianos para hacer instalaciones

-          Ha hecho cerca de 50 obras para organismos oficiales. ¿Por qué es importante que sus obras sean de dominio público, tratando lo que tratan, en estos tiempos?
Porque no creo en el arte que sólo pueden disfrutar las élites. Lamentablemente el arte tiene un precio, no sólo debido a los costes, que en escultura son especialmente altos, sino porque el artista también cuantifica las horas de trabajo. Al final te encuentras con una obra a la que no todo el mundo tiene acceso, y aunque te queda la satisfacción de que el cliente ha invertido en tu obra, que al final es una parte de tu alma, sabes que esa obra se quedará en un salón o en un gabinete  y que sólo el comprador podrá disfrutarla. La escultura pública tiene la posibilidad de exponerse en la calle, servir a un propósito, superar las generaciones y a la vez dignificar ciertos valores y personajes. Y por si esto fuera poco, puede ser disfrutada por todos y formar parte del patrimonio y de la cultura popular de la nación

-          ¿Cuál es su obra predilecta, con cuál aprendió más y cuál fue el mayor desafío?
Quizá mi favorita sea el monumento a Isabel la Católica, por lo que significa el personaje y por su sobriedad a pesar de la riqueza de la vestimenta. Con Blas de Lezo percibí en mí una evolución en la manera de trabajar, así que de alguna manera aprendí un nuevo método. Mi mayor desafío ha sido la última, el monumento al General Menacho, venía de sufrir un infarto agudo de miocardio y no sabía si mis capacidades físicas habían podido resentirse. Mover toneladas de barro y subirte al andamio para trabajar en el modelado de una escultura de 3,5 metros supone un esfuerzo físico, pero no noté nada diferente en mí , así que gané confianza y certeza de que podía continuar con mi profesión

-          ¿Hay esperanza de un nuevo resurgir en el arte que eleve nuestro espíritu como antaño?
Me temo que primero debe cambiar la sociedad. Actualmente, es muy difícil para un artista crear ese tipo de obra que requiere preparación, tiempo, técnica y medios. Los artistas actuales se han ido a los cómodo, a lo inmediato; ofrecen un producto rápido porque el mundo del arte es lo que reclama. El cliente ya no tiene paciencia, va a lo fácil. Al artista honesto le resulta muy difícil hacer entender que el arte que tiene un propósito social, didáctico y elevado, requiere tiempo. Y si de algo adolece la sociedad actual es de tiempo. No obstante, siempre quedará un reducto de artistas, guardianes del oficio y del espíritu, dispuesto a entregar lo mejor de si a un pueblo que luche por despertar

-          ¿Qué opina del nuevo arte, lo que otros llaman ‘no-arte’?
No es arte. Es un mercado. Se mercantilizan conceptos absurdos y a la vez sirve para blanquear dinero y dar de comer a un sinfín de personajes que sin ser artistas pulúlan alrededor: críticos, galeristas, curadores… El arte se crea en la soledad de un taller, no rodeado de un sinfín de palmeros que se precian de entender de arte porque han visto a un iluminado dar dos brochazos

-          ¿Qué otros artistas como usted ve que deben seguir el camino en el que están? 
Si te soy sincero, no sabría decirte. Me muevo en círculos artísticos muy concretos y no son precisamente las ferias y las galerías.  Si que tengo amigos artistas a los que veo a menudo, pero curiosamente apenas hablamos de estas cosas. Cualquiera de ellos sabe en qué camino está y que quiere transmitir. No estoy en condiciones de aconsejar que camino deben o no seguir, es algo muy personal y al final, depende de las circunstancias y las motivaciones de la etapa que estas viviendo.

-          Usted es muy amigo de Ferrer Dalmau. De alguna manera, parece que esta época ha aunado a grandes artistas de temas militares y patrióticos…
Augusto es un fuera de serie. El dominio que tiene sobre la composición y la luz es inigualable. Ha cubierto un vacio y el público ha respondido. En estos tiempos que vivimos se hacía necesario reivindicar que el pueblo español viene de un pasado glorioso y que es posible recuperar ese orgullo y esa nobleza de espíritu para construir unos nuevos cimientos que sustenten ese resurgir del que hablábamos antes

-          ¿Tiene relación esa deconstrucción de la esencia de nuestra cultura con nuestro debacle como nación? En muchas ocasiones, el gran público no ve más allá de la obra.
Es que no se educa en arte. Las escuelas aportan conocimientos de matemáticas, gramática o historia tergiversada, pero la misma asignatura de filosofía empieza a cuestionarse como materia de estudio. En los hogares tampoco hay interés en sentarse con los niños, abrir un libro de la Grecia clásica y ver cómo Fidias esculpió los relieves del Partenón. Pero esto no es exclusivo de España. Hemos cambiado intereses y prioridades. Ya no preocupa la deriva espiritual de un pueblo, sino la imagen que proyectamos a la sociedad. Mirándonos el ombligo es complicado que podamos ver más alla. Se hace imposible maravillarse ante la desnudez velada de la obra de Corradini o la exhalación involuntaria de Santa Teresa en el mármol de Bernini

-          Cuénteme sobre esa posible estatua sobre los Tercios…
Se conseguirá. Hay un movimiento muy potente detrás que está empujando para que así sea. Queremos que sea un monumento a los Tercios definitivo. Que se convierta en imagen representativa de los ejércitos españoles de los siglos XVI y XVII. Y queremos hacerlo bien. Nos asesoraremos con los mejores y nos reuniremos con quien haga falta para que tenga un emplazamiento digno donde cualquier español pueda fotografiarse con la representación de aquellos hombres. Actualmente estamos en la fase de buscar financiación, pero en próximas fechas tendremos buenas noticias al respecto. A partir de ahí, bocetos y trabajo. Mucho trabajo

lunes, 7 de mayo de 2018

Saluda a la Asociación de Antiguos Alumnos de los Colegios de la Guardia Civil

Reconozco que existe en mí un inexplicable impulso de respeto hacia el uniforme benemérito. No sé si tendrá algo que ver el hecho de ser nieto del cuerpo, pero con el transcurso de los años he comprendido que el tricornio, el casco o la gorra son mucho más que símbolos de integridad para quienes amamos a España.

He crecido con ellos. Sintiendo como propio, el frío en las carnes del Guardia Civil que va en auxilio del camionero que no puede subir el puerto de Guadarrama a causa de las nieves, o como propio también el calor asfixiante que transmite la frontera de El Tarajal aún a través del televisor. He sentido la presión irrespirable del Tedax acercándose a un artefacto sospechoso y también he apretado el acelerador de los barcos de vigilancia de costas. He sufrido el accidente de helicóptero durante un rescate de montaña en León y me he alegrado cuando el SEPRONA ha detenido a los pirómanos que queman nuestros bosques. He llorado cuando el terrorismo os asesinaba y he caminado orgulloso a vuestro lado en los desfiles. Y si, también he recurrido a vosotros cuando me he sentido en peligro, y he sentido su calor humano en uno de los lances más duros de mi vida.

Será porque la Guardia Civil acompaña nuestra vida cotidiana desde que tenemos uso de razón, o será porque la sociedad tiene asumido que no hay un cuerpo de seguridad que abarque tantos los aspectos de nuestra convivencia, pero el caso es que cada uno de vosotros formáis parte de lo que será nuestra experiencia de vida cuando echemos la vista atrás y recordemos quienes de entre todos los que se cruzaron por nuestra vida, nos tendieron la mano sin esperar nada a cambio; sólo por la satisfacción del deber cumplido y por ese “algo” que os empuja a formar parte del cuerpo de seguridad más querido por vuestros paisanos, y más admirado por las policías de carácter militar del mundo. Ese sentimiento que os nace de entrega a los demás es lo que os hace únicos y ejemplo vivo de los más nobles valores del pueblo español. Gracias.

 ¡Viva el Duque de Ahumada!¡Viva la Guardia Civil!



domingo, 4 de marzo de 2018

La Trascendencia de la Materia

Mi homenaje al gran maestro Venancio Blanco publicada en ABC el 23 de febrero de 2018



Nacido en la salmantina localidad de Matilla de los Caños del Río, Venancio Blanco bebió de las fuentes de la sobriedad castellana y de ese lento transcurrir entre las dehesas del Campo Charro. Su obra es reflejo de esa verdad que se revela en el corazón del hombre, cuando habiendo conocido la miseria y la grandeza del ser humano, la vida te señala el camino a seguir. Venancio Blanco, último exponente de esa generación de hombres que convirtieron el arte en profesión y la escultura en oficio, se nos fue tal y como vivió: con sencillez, sin necesidad de alardes ni de hacer ruido, sin anteponer su persona artística a su obra, dejando un legado perfectamente reconocible y definido.

La fuerza y potencia que imprimía a sus bronces le convirtieron en el poco frecuente «profeta en su tierra» ; y es que allí conservan con mimo y exquisitez obras como sus inconfundibles Vaquero charro y San Francisco de Asís. Su etapa como director de la Academia de Bellas Artes en Roma hizo de Venancio un escultor honesto y un maestro responsable de conservar el oficio a la vez que asumía que los nuevos tiempos exigían que rompiera las suaves líneas y los equilibrios visuales.
Raíces cristianas

La rotundidad que imprimía a sus obras era cada vez más acuciante, hasta que el genio salmantino descubrió que la seguridad con la que trabajaban sus manos, aquellas rectas y planos a los que sometía a sus piezas, no eran más que la fuerza creadora de Dios manifestándose en sus dedos. Su camino tornó hacia una sola dirección, la que daba sentido a su vida y a su obra.

Las raíces cristianas de la meseta castellana brotaron exuberantes y consagró su creatividad a explorar los símbolos de esa tradición espiritual de la que surge nuestra cultura y que sigue alimentando nuestras almas.

Venancio es, ha sido y será el paradigma de escultor que encontró su sitio y supo defenderlo, y es que si hay algo que pueda reprochársele, es haberse dedicado en cuerpo y alma a su profesión. Tan intensamente que decidió, generosamente, legar el oficio a los jóvenes creadores durante más de veinte años en su escuela de verano.

Ser Académico de Bellas Artes de San Fernando no hizo más que poner de relieve su genio artístico y una creatividad desmedida que pudo materializar gracias al mecenazgo privado y, esa fe que le mantenía en pie, dio fuerzas a su maltrecho corazón para seguir dando forma a la labor que «el de arriba» le había encomendado..

Sólo cuando su inseparable Pilar faltó de su lado, se abandonó a la tragedia de la vida y se dejó ir.

Al fin y al cabo, un escultor es hombre, y el hombre perecedero, pero su obra, su creación y su visión del mundo es eterna.

La muerte épica



4 de marzo de 1811. Badajoz. Plaza estratégica para las comunicaciones de los ejércitos napoleónicos. La ciudad lleva semanas sitiada por las tropas del mariscal Soult y, aún a sabiendas de que las posibilidades de recibir ayuda son cada día más improbables, los españoles resisten el fuego de artillería francés empujados por la determinación de su General, Rafael Menacho. Su respuesta a la última propuesta de rendición había sido un ¡Viva la Patria!, que días después seguía resonando dentro de los muros de la ciudad y contagiaba de ánimo, pundonor y coraje a los pacenses.


Hacía días que el General Menacho había decidido triunfar o morir en aquella plaza, y como era habitual en él, aquel 4 de marzo volvía a dirigir a sus tropas desde lo alto de la muralla. Sólo en una ocasión, cuando un balazo en la pierna le imposibilitó mantenerse en pie, guardó reposo dos días. Al tercero, sus oficiales le comunicaban que la población estaba alarmada por no ver a su General sobre la muralla, y apoyado sobre un bastón y su Sargento Mayor, volvió a tomar su posición habitual para dirigir las operaciones. Nunca más volvió a faltar de su puesto el General Menacho hasta aquella tarde del 4 de marzo; cuando presenciando los estragos que en las líneas franceses causaban los granaderos españoles, una bala de metralla le penetró por el costado, dejándole mortalmente herido. Apenas siete minutos duró su agonía, y en lugar de dedicarlos a sus seres queridos, se lamentaba por no poder seguir siendo útil a la Patria. Al fin y al cabo, días antes, presagiando su destino, don Rafael, elegante en el vestir, de buena presencia, amable, firme en el mando, eficaz, osado y buen conocedor de su oficio, se había despedido de su esposa:

“Si; cualquiera que sea mi suerte, vencedor o muerto, la tuya será siempre envidiable. Aquella es, dirán todos señalándote con el dedo, aquella es la mujer o la viuda, y aquellos son los hijos de Menacho”


martes, 1 de agosto de 2017

Construyendo y derribando

Una de las cosas que más aprecio de mi profesión es la posibilidad de conocer gente interesante. La gran mayoría de ellos tienen gusto por la historia y las cosas bien hechas tanto como yo, pero cuando a eso le sumas la dedicación a un trabajo exótico y apasionante, te encuentras con personas como Curro Agudo Mangas.
 
El modelado en arcilla del monumento al General Menacho tocaba a su fin. Apenas quedaba terminar el sable, los borlones que colgaban del fajín y el gran problema... La muralla de Badajoz.
 
 
Todas mis esculturas llevan algún símbolo que relacione al personaje con su eco en la eternidad, y lo que caracteriza al General Menacho fue su heróica defensa de la ciudad de Badajoz hasta que una bala de cañón le segó la vida mientras daba órdenes en lo alto de la desvencijada muralla. Ahí estaba el meollo del asunto: una muralla destrozada por el incesante asedio de las tropas napoleónicas y un General que negándose a rendir la ciudad, daba órdenes a las tropas en primera línea de fuego sobre los cascotes que abrían brecha en el Baluarte de Santiago.
 
Y en este punto es cuando te acuerdas de que entre esa gente especial, con profesiones exóticas que conoces gracias a tu trabajo, se encuentra Curro Agudo, modelista naval para más señas. El mejor, de hecho. Curro, que se ha criado al pie de la muralla de Badajoz no se lo piensa un segundo y viene a echarme una mano.
 
Diseñando la muralla
 
Curro lo tenía claro, en lugar de modelar en arcilla  la rotura de la muralla, la construiríamos. En vez de preocuparme, me pareció una idea excelente: ponernos el mono de faena y liarnos a echar cemento y cascotes. La muralla de Badajoz es el recinto fortificado mas grande de España y hay que presumir de ello, así que íbamos a hacerlo bien, respetando lo máximo posible la construcción de mampostería y siendo escrupulosos con el destrozo que doscientos años atrás hacían los incesantes bombardeos sobre el baluarte.
 
Piedras de musgo que servirían para emular la mampostería
 
 
El trabajo duró más tiempo del que esperábamos, pero fue muy divertido escoger donde iría cada piedra y colocarla de forma estética, mientras imaginábamos como volaban los pedazos de muralla con cada cañonazo. O cómo veíamos los pies del General Menacho apisonando el terreno con cada movimiento, con cada arenga, con cada avance...
 
 
 
El resultado fue mejor de lo que esperaba. La base de la escultura que le daba sentido al conjunto estaba terminada. Menacho ya no andaba sobre el aire. Estaba afianzado a la muralla de la ciudad que le vió caer, sujeto a la tierra que doscientos años después le sigue rindiendo honores y encarando a la muerte en una de las gestas más nobles y gloriosas de la Guerra de Independencia.
 
Gracias Curro por haberme traído desde Badajoz el sentimiento de una resistencia épica.